Otro universo animado

Oswaldo Osorio

En la Era dorada de Hollywood estaba bien definido el tipo de cine (estilo y temas) que hacía cada gran estudio. Después de los años cincuenta esas distinciones prácticamente desaparecieron y hasta ahora esas diferencias son casi inexistentes, salvo por algunas productoras que se especializan en ciertos temas o géneros. Pero en el cine de animación, después de la llegada de la imagen digital (desde Toy Story, 1995), fue como si esta parte del cine empezara de cero y de nuevo aparecieron las diferencias entre estudios.

Pixar pegó primero y sigue dominando con sus historias elaboradas, inteligentes y emotivas; Disney sobrevive vendiendo muy bien sus mundos de fantasía; mientras Dreamworks se sitúa entre ambos con relatos de fantasía que apelan a un entretenimiento más básico. También están el universo fantástico y humanista de Studio Ghibli, y Sony Pictures Animation, que desde Spider-Man: un nuevo universo (2019) empezó a hacer la diferencia con su estilo de animación, un acercamiento más realista a la cotidianidad de la sociedad contemporánea y un sentido del humor ingenioso y agudo.

La familia Mitchell vs. las máquinas (2021) tiene las características de las animaciones de Sony y, además, fue creada por el equipo de productores que hay detrás de su Spider-Man y fue escrito y dirigido por el responsable de la primera temporada de Gravity Falls, una inteligente e inusual serie infantil animada (de hecho, esta película comienza exactamente igual que el primer capítulo de la serie). La historia de este estreno es ya conocida: un improbable grupo de personas (en este caso “la familia más rara de todos los tiempos”) salva el mundo de su exterminio. Pero lo importante, claro, es cómo sus realizadores deciden contar esta historia, ahí radica la diferencia con los demás estudios.  

Lo primero, es esa estética de su animación, la cual ya nos había deslumbrado en Spider-Man: un nuevo universo y que parece tomar distancia de la pulcritud digital de Pixar y del clásico dibujo de Disney o Ghibli para situarse en un fascinante punto medio, donde la animación digital (o en 3D) parece retocada con detalles y acabados más del talante clásico. Además, la acción es intervenida o complementada con emojis y gráficos y dibujos en 2D que resultan frescos, divertidos y muy ingeniosos para comentar el relato.

Además de salvar el mundo como premisa argumental, la premisa conceptual gira en torno al amor y armonía en la familia a pesar de las diferencias y conflictos. Tampoco nada nuevo, pero el vehículo para trasmitir esto es un relato trepidante, conectado con los códigos y la mentalidad de los llamados nativos digitales y un humor que puede ser tan sutil como cáustico. Incluso plantea reflexiones y directas críticas a las corporaciones tecnológicas y a la dependencia de las personas con sus aparatos y sus perniciosas prácticas con estos.

Se trata, pues, de una película tan divertida como entretenida, pero esto lo consigue, además, marcando una visible diferencia con otros productos de animación, tanto en su estética, como en su propuesta narrativa y en esa conexión con el mundo y las cosas de todos los días.

Hay que anotar, por último, que es una de esas producciones que confirma la normalización de una práctica muy polémica en nuestros días: estrenar películas de grandes casas productoras en plataformas de streming, porque ésta ya se puede ver en Netflix.   

Publicado el 3 de mayo de 2021 en el periódico El Colombiano de Medellín.

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