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C i n é f a g o s
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Balance 49 Festival de Cine de Cartagena |
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¿El fin del escepticismo?
Por Adriana González
La relación entre la cinefilia del país y el Festival de Cine de Cartagena siempre ha sido contradictoria, pues de un lado, los amantes y comprometidos con el cine procuran nunca faltar a la cita anual, pero por otro, mantienen un malestar por los vicios e irregularidades de la organización. De ahí que, por lo general, ha primado el escepticismo para referirse a este evento, aun sin llegar nunca a negar su importancia, tanto por su gran tradición como por el hecho de ser la fiesta del cine nacional más concurrida y rica en actividades y personajes.
Desde hace algunos años se han visto paulatinos cambios, como el aumento de muestras paralelas, el robustecimiento de las actividades académicas y la creación de espacios para el encuentro y desarrollo de distintos sectores del audiovisual. Durante esta nueva versión tales cambios están más consolidados y la “utilidad” del festival ya no sólo se limita a su habitual función de vitrina del cine iberoamericano y de gran salón social frecuentado por el gremio y la farándula (lo más lamentable de todo el festival es la gran diferencia que hay entre la motivada multitud de las fiestas en las noches y el lánguido público de las ruedas de prensa en las mañanas).
Pero el cambio más sustancial de este año estuvo en la programación cinematográfica, lo cual en buena medida se debe al nuevo jefe de esta instancia, el crítico de cine Orlando Mora. Hasta el año anterior no parecía que hubiera curaduría alguna para el listado de títulos de las distintas muestras. La excepción siempre eran las buenas películas, o al menos la aceptables. Pero el nivel de esta nueva versión realmente hace sentir al espectador que está en un festival de cine y no, como antes, en un evento donde se recibieron las sobras que no pudieron estar en otros festivales.
Como es natural, un curador impone su estilo, y las preferencias de Mora están alineadas con esa tendencia puesta en boga por el Nuevo Cine Argentino, la cual privilegia el realismo y una suerte de naturalismo cotidiano, tanto en sus planteamientos estéticos como narrativos y argumentales. Se pudieron ver excelentes películas de esta línea, empezando por la ganadora del festival, la mexicana Lake Tahoe (Fernando Eimbcke). Y si bien resulta un cine importante y lleno de virtudes, más de la mitad de los títulos de la competencia oficial tenía tales características, lo cual también tiene sus bemoles.
El único fallo visible y casi imperdonable tuvo que ver también con la programación cinematográfica, pues al parecer por cuestiones de logística y organización general, sólo se podían ver tres películas por día, es decir, la mitad de lo habitual, lo cual es un desperdicio para un evento y un público que están enteramente en función del cine.
Por lo demás, un evento realmente estimulante y rico en posibilidades, como ver ese cine absurdamente vedado para nuestra cartelera; poder conversar con verdaderas personalidades del cine, como los directores José Luis Cuerda, Juan Carlos Tabío o Lisandro Alonso; atisbar el futuro del audiovisual nacional con el trabajo de los nuevos realizadores (aunque las muestras alternas siguen necesitando mejor curaduría); y en general, establecer esa necesaria comunicación con la comunidad cinematográfica, lo cual siempre trae consigo la oportunidad de nuevos proyectos, mayor divulgación y dinamismo para el que debe ser el fin último de todo esto: el cine colombiano.
PALMARÉS 49 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE CARTAGENA
Competencia Oficial Iberoamericana
Mejor Película: Lake Tahoe de Fernando Eimbcke (México)
Ópera Prima: Entre os dedos de Tiego Guedes y Federica Serra (Portugal)
Mejor Actriz de Reparto: el reparto femenino de Chega de saudade (Brasil)
Mejor Actor de Reparto: Roger Príncep por Los girasoles ciegos y Forasteros (España)
Mejor Actriz: Catalina Saavedra por La nana (Chile)
Mejor Actor: Filipe Duarte por Entre os dedos (Portugal)
Mejor Fotografía: Alexis Zabé por Lake Tahoe (México)
Mejor Guión: Fernando Eimbcke y Paula Marcovitch por Lake Tahoe (México)
Mejor Director: José Luis Cuerda por Los girasoles ciegos (España)
Premio Especial del Jurado: El cuerno de la abundancia de Juan Carlos Tabío (Cuba)
Miembros del Jurado: Daniela Weber, Dolores Calviño, Lisandro Duque Naranjo, Heriberto Fiorillo y Luis Ospina.
10º Concurso de Cine Colombiano
India Catalina a la Mejor Película: Perro come perro
India Catalina al Mejor Director: Oscar Campo / Yo soy otro
India Catalina al Mejor Actor: Héctor García / Yo soy otro
India Catalina a la Mejor Actriz: Connie Camelo / Nochebuena
India Catalina al Mejor Guion: Carlos Fernández de Soto / Cuarenta
Miembros del Jurado: Curra Ortiz de Solórzano, Juan Carlos Arciniegas, Eduardo Arias, Humberto Dorado y Felipe Aljure.
17º Concurso Iberoamericano de Cortometrajes
Primer premio en la categoría de ficción ex aequo: Pelo Ouvido de Joakim Haickel (Brasil) y Ataque de los Robots de Nebulosa de José María García Ibarra (España)
Premio al mejor Cortometraje de Animación: Pajerama de Leonardo Cadaval (Brasil)
Miembros del Jurado: Jesús González Requena, Patricia Ércole e Iván Barrios Mass.
1º Competencia Iberoamericana de Documental
Primer y único premio: Siete instantes de Diana Cardozo (México)
Miembros del Jurado: Margarita de la Vega, Oscar Campo, Marcelo Céspedes y Diego Rojas
9º Concurso de Video para Nuevos Creadores
India catalina de oro al mejor video en el género documental: Migración de Marcela Gómez Montoya - Universidad del Valle
India catalina de oro al mejor video en el género ficción: El Huésped de Juan Pablo Solana - Universidad del Cine
India catalina de oro al mejor video en el género ficción: Justine: un corto suspensivo de Camilo Jiménez y Juan Camilo Fonnegra - Universidad Nacional de Colombia
Miembros del Jurado: Jon Apaolaza, Camilo Barón, David Covo y Patricia Ruiz
Otros premios entregados en el Festival
Premio Movie City a la Mejor Película Colombiana: Riverside de Harold Trompetero
II Premio Corto en Construcción: Asunto de gallos de Joan Gómez
Premio de los cine clubes, Asociación Nacional de Cineclubes de Colombia “ La Iguana” – Mejor película en Competencia Oficial: Lake Tahoe de Fernando Eimbcke (México)
Premio de la Crítica Especializada: La nana de Sebastián Silva de (Chile)
Premio del Público Kodak – Cinecolor: El cuerno de la abundancia de Juan Carlos Tabío (Cuba) |
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¿Dónde está la bolita?
Por Oswaldo Osorio

Hay personajes, imágenes y situaciones del cine de Guy Ritchie que uno nunca olvidará. Y no tanto porque sean profundas lecciones de vida o verdades reveladas, sino más bien por lo impactantes e ingeniosas, además por su capacidad de jugar y hacer extravagantes o divertidas variaciones con los estereotipos de cine de gangsters. Planteado así esto parece una virtud, que ciertamente lo es y representa la esencia de su cine, pero de esto se desprende también su principal carencia, y es que todas sus películas no trascienden lo límites de los juegos y malabares narrativos, visuales y argumentales.
Su rutilante entrada al cine fue con Lock, Stock and Two Smoking Barrels (1998) y luego, con Cerdos y diamantes (Snatch, 2000), le da una vuelta de tuerca a su particular universo gangsteril y su narrativa rauda y compartimentada. En su momento fue inevitable asociar ese universo y narrativa con el cine de Quentin Tarantino, aunque en el caso de Ritchie se trata de una versión más ligera y efectista.
Su matrimonio con Madonna seguramente contribuyó a su vertiginoso éxito, porque, como se sabe, en la industria del cine casi siempre las películas más vistas son las más promocionadas, por eso este dato trasciende la mera nota de farándula. Pero este matrimonio le costó hacer una película, Swept away (2002), que no tiene nada que ver con su universo y que, por supuesto, lo único interesante que tiene es estar protagonizada por la eterna reina del pop.
Después de esa fallida incursión en un aburrido romance de aventuras, Ritchie vuelve a sus fueros con dos películas que se estrenaron en el país con sólo unos meses de diferencia, eso a pesar de estar separadas por tres años y, más particular aún, por los caprichos de la exhibición en Colombia, llegó primero Rochnrolla (2008) que Revólver (2005). Dos películas con más de lo mismo: gangsters chicos y gangsters grandes, robos, botines, asesinatos y personajes estilizados, algunos muy divertidos y otros verdaderos sádicos.
Revólver es una película sobre la venganza, casi un subgénero cinematográfico que descansa sobre la elemental idea de “voy, lo mato y vuelvo”, aunque en este caso es “voy, lo estafo y vuelvo”. La diferencia en ésta, como en todas las películas suyas, es que ese camino tan sencillo es llevado a un grado de complejidad y de convergencia de elementos (desfile de personajes, subtramas, conflictos secundarios, sofisticados engaños), que el interés por la venganza y la historia en general está es en cómo se hace y en sus procesos narrativos y argumentales, llenos de giros y arabescos, que se desprenden de esta simple misión.
Pero especialmente en esta película ese camino complejo se antoja más bien complicado, por eso la mitad del tiempo el espectador no sabe bien qué está pasando en relación con el contexto general de la historia ni a qué se refieren los diálogos. Para ajustar, su protagonista tiene unos desdoblamientos de personalidad y discusiones consigo mismo que, para sorpresa de todos, el director se vio en la necesidad de legitimar toda la lógica de este personaje y de su película con testimonios de académicos y hasta con el gurú de la auto superación Deepak Chopra.
Esta cinta, un poco más que el resto, es como el juego de ¿Dónde está la bolita?, que mantiene el interés del espectador con un movimiento constante, pero que es un interés por lo inmediato, es el juego por el juego, sin más profundidad que la del vaso que oculta la bolita. Es por eso que, por más que Guy Ritchie quiera darle una densidad a sus gangsters, como ocurre en esta película con el uso del siconálisis, todo se reduce a un espectáculo visual y narrativo que deslumbra e hipnotiza y que fascina por su ingenio para el efectismo. Es como mascar chicle y hacer bombas, divertido pero no imprescindible.
Publicado el 29 de mayo 2009 en el periódico El Mundo de Medellín.
FICHA TÉCNICA
Dirección: Guy Ritchie.
Guión: Guy Ritchie; adaptado por Luc Besson.
Producción: Luc Besson y Virginie Silla.
Música: Nathaniel Mechaly.
Fotografía: Tim Maurice Jones.
Reparto: Jason Statham, Ray Liotta, Vincent Pastore, André Benjamin, Terrence Maynard, Andrew Howard.
Francia, Reino Unido - 2005 - 115 min.

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El Gran Torino, de Clint Eastwood |
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Wally “El Sucio”
Por Oswaldo Osorio

¡Ésta sí es una película de Clint Eastwood! Dirán seguramente quienes crecieron (y envejecieron) viendo al vaquero Sin Nombre de Sergio Leone y al duro policía de Don Siegel. Luego el mismo Eastwood, como director, continuaría los pasos de sus dos maestros, haciendo películas de individualistas con madera de anti-héroes, definidos por su honestidad y sus principios firmes, aunque muchas veces algo fascistas. Pero a pesar de que acababa de hacer dos “películas de chicas” (Golpes del destino y El Sustituto) un tanto sentimentales y condescendientes, vuelve a sus viejas andadas con esta cinta impecable en su elaboración y contundente en sus planteamientos.
Sin hacer demasiado alarde, ni visual ni narrativo, el veterano Eastwood encara, delante y detrás de la cámara, una historia tan simple en su argumento como compleja en sus implicaciones. Con su mirada de viejo sabio, pero mascullando en tono recriminatorio y con el lenguaje que conoce, le da una mirada a su querida Norteamérica y a algunos de sus problemas más críticos: la violencia, el racismo y la intolerancia.
Luego de la muerte de su esposa, a Walt kowalski no le queda nada en la vida. Ni familia, ni salud y ni siquiera el país por el que luchó. Desde las primeras escenas el director-actor deja clara su posición desengañada y de desprecio (sin ahorrarse los escupitajos) ante las nuevas generaciones y su pérdida de valores, así como ante la sociedad entera, que es el resultado de esos nuevos valores.
Sin embargo, tampoco es radical, pues demuestra que puede dialogar con quienes están dispuestos a hacerlo, quienes por más diferentes que sean, tienen en común con él los mismos principios de civilidad y respeto. La crítica a la situación de su país se evidencia aún más cuando los únicos interlocutores que encuentra son sus vecinos de origen vietnamita. ¿Por qué justo esos chinos “contra” los que luchó en Corea? ¿Es que ya no es posible establecer ese diálogo con los de su país? La respuesta a esto es clara por la forma implacable en que describe a sus indolentes hijos y sus detestables nietos.
Si bien el esquema es conocido, el del viejo cascarrabias que termina demostrando su nobleza ante la gente más inesperada, a partir de él Clint Eastwood recupera un personaje ya definido en muchas de sus cintas como actor y/o director, desde Harry “El Sucio” (1971) hasta Deuda de sangre (2000). Es un personaje que funciona perfectamente como agente dramático y de acción, pero también para reflexionar sobre la sociedad y la naturaleza humana. Aunque ahora es un personaje más sosegado, igual que la cadencia narrativa de sus filmes, sin que esta calma socave de forma alguna la determinación de su carácter o su áspera y honesta visión del mundo.
Y justamente de estas últimas características es que se desprende el inesperado y refrescante ingrediente de humor que tiene este filme, a pesar de ser una historia sometida a una constante tensión por la amenaza de los antagonistas. La actitud políticamente incorrecta y declaradamente racista de Walt Kowalski, en especial en la relación con sus jóvenes vecinos, resulta siempre espontánea y divertida. Pero si bien es cómica la sarta de insultos y agravios a sus nuevos amigos, más que ofender, se evidencia que ésta es la forma de acercarse entre ellos, para no caer en sentimentalismos o delicadezas que no van con su naturaleza.
Hacia el final, esa tensión de la historia se hace más fuerte, se consolida la relación entre el viejo patriota y los inmigrantes “chinos”, el humor sigue salpicando los diálogos, pero la crítica situación social a la que están sometidos no les deja otra salida que la confrontación, que la necesidad de tomar medidas tan radicales como la amenaza que los agravia. Y el viejo Clint Eastwood-Walt Kowalski hace lo que tiene que hacer, proporcionándonos un desenlace con todas las buenas virtudes de su carácter y su cine: rudeza, principios férreos, integridad humanista y contundencia cinematográfica.
Publicado el 20 de marzo de 2009 en el periódico El Mundo de Medellín.
FICHA TÉCNICA
Título original: Gran Torino
Dirección: Clint Eastwood
Guión: Nick Schenk; basado en un argumento de David Johannson y Nick Schenk
Producción: Clint Eastwood, Robert Lorenz y Bill Gerber
Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens
Fotografía: Tom Stern
Reparto: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Vang, Ahney Her, Brian Haley.
USA – 2008 - 116 min.
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Frost/Nixon: La entrevista del escándalo, de Ron Howard |
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La Televisión como un campo de batalla
Por Oswaldo Osorio
Difícilmente alguien pensaría que una entrevista es una buena historia para hacer un filme. Sin embargo, así lo creyó un director de Hollywood, tal vez el más inesperado de todos, Ron Howard, el mismo que acaba de adaptar los best sellers de Dan Brown (El código Da Vinci, Ángeles y demonios) y el mismo que hace parte de la élite taquillera y “oscarizada” de la Meca del cine con películas como Un horizonte lejano, Apollo 13 o Una mente brillante.
Cuando un estudiante universitario (por poner un ejemplo reciente que conocí) cree que la Segunda Guerra Mundial la ganaron los alemanes y que terminó en 1955, la palabra Watergate o el nombre de Richard Nixon nada le dicen. Incluso en Estados Unidos los jóvenes reconocen más fácil al payaso de McDonalds que la foto de uno de sus presidentes. Y menciono esto porque la historia de esta cinta (una entrevista) y su tema (Nixon y su dimisión), podría verse como un material demasiado árido y codificado, además sin posibilidades dramáticas y narrativas, un material con el que nadie de Hollywood vería posibilidades.
Sin embargo, desde el principio esta película nos sorprende con su capacidad para convertir una entrevista en una especie de contienda, con todos sus componentes: armas secretas, estrategias, reglas de juego, equipos de combate, tensión permanente y una estructura del enfrentamiento que pasa por distintas etapas hacia un crecendo que choca fuerte en un clímax tan dramático como si de un asunto de vida o muerte se tratara.
Esta aridez y densidad son transformadas por el director de Hollywood en una envolvente historia cargada de suspenso y tensión, pero además, complementada por una serie de elementos que dimensionan dicha confrontación. El más importante de ellos es la construcción de personajes. Howard, con economía de gestos, sabe hacer un dibujo de estos hombres más allá del ex presidente sagaz y el presentador banal. El mezquino interés por el dinero, usar zapatos sin cordones, su relación con quienes los rodean o su actitud corporal, todo eso dice algo de ellos, ahonda en su personalidad y necesariamente dimensiona así la historia y la contienda entre ambos.
También es inteligente la forma en que usa el formato de la entrevista como un recurso en sí para su narración. Los mismos personajes, a manera de documental, opinan sobre lo ocurrido en aquella célebre entrevista de 1977. Esto resulta tremendamente eficaz para contextualizar y comentar lo sucedido, pues de otra forma sería muy difícil dar cuenta de la complejidad del asunto y todas sus implicaciones políticas, históricas y personales. Porque más que tratarse de una entrevista, lo que estaba en juego era la integridad del sistema en relación con la ética y la verdad.
Aunque cuando Nixon dimitió, en 1974, Ron Howard apenas tenía 20 años y protagonizaba la primera temporada de la célebre serie televisiva Días felices, al parecer fue uno de los millones de norteamericanos que se sintió traicionado por su presidente. La poca simpatía con que lo trata en esta película parece demostrarlo, así como hacer del momento en que éste al fin se quiebra el punto de mayor intensidad del relato, con el subsiguiente parte de victoria de sus oponentes (con todo champaña).
En contrapartida, se evidencia, si no la simpatía, al menos una mirada generosa hacia David Frost. Y este contraste entre sus dos personajes también contribuye a reforzar ese permanente contrapunto sobre el que cabalga este relato. Porque es una película sobre una entrevista, pero la forma en que la plantea Howard y las implicaciones que nos deja adivinar (como la arrogancia y la corrupción del poder o el papel decisivo que ya había tomado la televisión en la política), la hacen una cinta sólida, envolvente y con una inesperada fuerza dramática y narrativa.
Publicado el 24 de abril de 2009 en el periódico El Mundo de Medellín.
FICHA TÉCNICA
Dirección: Ron Howard
Guión: Peter Morgan; basado en su obra.
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Brian Grazer y Ron Howard.
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Salvatore Totino
Reparto: Frank Langella, Michael Sheen, Kevin Bacon, Sam Rockwell, Oliver Platt, Rebecca Hall, Matthew Macfadyen, Toby Jones.
USA, Reino Unido – 2008 - 122 min. |
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La duda, de John Patrick Shanley |
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Los caminos del Señor
Por Oswaldo Osorio

En la lucha contra el demonio es posible alejarse de los caminos del Señor, dice el personaje de Meryl Streep en esta película. Y pensando en una lógica parecida, para tratar un tema harto delicado, fundado en acciones que con seguridad violentan y causan sensación, lo mejor es no asumirlo directa y explícitamente, o al menos así parece que lo decidió el director de esta cinta (también su guionista y autor de la obra original). Y es por este distanciamiento entre el tema y su tratamiento que esta película, de forma modesta y sutil, hace mucho más efectivo y elocuente lo que sobre el asunto tiene que decir.
Este asunto recurrente, sobre todo en los últimos años (y no sólo en el cine), tiene que ver con los abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos contra jóvenes de sus parroquias. En este sentido la película plantea su crítica y denuncia a las prácticas de algunos clérigos, pero sobre todo, al inaceptable proceder de la institución, que no sólo encubre sino que, incluso, llega a premiar a los involucrados con cargos superiores o reubicándolos en mejores lugares.
Sin embargo, esta clara denuncia no necesariamente es en lo que este relato hace su énfasis. Ni siquiera, aun a despecho de lo que insinúa el título, en las dudas que los dos personajes centrales tienen acerca de su moral y su proceder. Tanto la rectora como el sacerdote tienen muy claro lo que piensan y ninguno se arrepiente de sus opiniones ni de sus acciones. Pero eso resulta más bien injustificada la forma en que la rectora flaquea al final, manifestando dudar de no se sabe bien qué; así mismo, el sermón inicial del sacerdote, acerca de la duda, sólo parece ser una excusa para que la monja sospeche y se inicie el conflicto.
Porque es en ese conflicto, que no es otro que la confrontación entre estos dos personajes centrales, el plano donde se desarrollan las ideas esenciales de este filme. Por eso el relato se afana en construir bien a sus personajes, jugando incluso con los arquetipos del bueno y la mala. Pero a medida que va avanzado la historia, estas características de los personajes se empiezan a revertir y el espectador comienza a ser testigo de un tenso y creciente enfrentamiento de argumentos, los cuales buscan, primero, esclarecer u ocultar la verdad, según cada quien, pero luego, defender unos principios morales que, para ella, deben estar por encima de la institución, y que para él, pueden ser manipulados por la jerarquía eclesial.
De ahí que la principal virtud de esta cinta es el duelo entre estos dos personajes, un duelo que también es de actores, pero al contrario de sus roles, Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman terminan complementándose y potenciando el trabajo del otro. Incluso en este duelo hay un árbitro, la hermana Jones, un personaje que cataliza la confrontación y es usada como apoyo tanto de uno como de otro contendiente.
Es decir, estamos ante una película de actores y de personajes, en la que toda la acción y las implicaciones de su historia están en las interpretaciones, en la construcción de personajes, sus diálogos y argumentaciones. Aunque también es cierto que no todo es sutileza, y el maniqueo contraste que hace el director entre la mundana y hedonista cena de los sacerdotes y la austeridad de la cena de las monjas así lo demuestra. Pero aún así, es un filme lleno de aciertos que trata de forma concienzuda y sugerente un tema serio, el cual casi siempre se ha prestado a denuncias burdas o sensacionalistas.
Publicado el 13 de marzo de 2009 en el periódico El Mundo de Medellín.
FICHA TÉCNICA
Título original: Doubt
Dirección: John Patrick Shanley.
Guión: John Patrick Shaley; basado en su obra.
Producción: Scott Rudin y Mark Roybal.
Música: Howard Shore.
Fotografía: Roger Deakins
Reparto: Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams, Viola Davis.
USA – 2008 - 104 min. |
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