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C i n é f a g o s
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20 años de cine colombiano |
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La promesa de una nueva era
Por: Oswaldo Osorio

Así como Eric Hobsbawm afirma que el siglo XX terminó con la caída del muro de Berlín y no con la llegada del año dos mil, se podría decir que para el cine colombiano el tercer milenio comenzó con el estreno de Rodrigo D. Porque la historia es un asunto de procesos, no de fechas. Aunque es preciso aclarar que no es que el corte tenga que hacerse necesariamente con esta película de Víctor Gaviria, pero sí debe hacerse en la transición entre las décadas del ochenta y noventa, y el estreno, en 1990, de tan significativa película, es un apropiado referente como punto de partida de lo que a continuación se propondrá como el fin de una era y el principio de otra en el cine nacional.
La vieja era fue la de FOCINE (la entidad gubernamental encargada del fomento al cine), con todas sus corruptelas y clientelismos, con el imperdonable desperdicio de recursos y talento haciendo películas que el público jamás vería, ya por negligencia en el proceso de promoción y distribución o por la censura, aplicada por la misma entidad o con su aprobación. Fue también el periodo de la conjunción de una prometedora generación de directores que, sin embargo, habían obtenido su formación cinematográfica empíricamente, mediante el costoso método de ensayo y error. Por esa misma razón, fue una época en que el cine del país tenía una factura en muchas ocasiones ininteligible, sonora y visualmente, y que, además, cargaba con el lastre de una mayor tradición literaria antes que cinematográfica, lo cual se reflejaba en uno de los grandes males de nuestro cine: la construcción del guión.
Pero en esa transición entre décadas se da una serie de acontecimientos y situaciones que permiten hablar de un cambio sustancial en la historia del cine del país. La primera de ellas es el fin de FOCINE (liquidada en 1993, pero casi inoperante desde hacía ya varios años); también el paso visible de la preponderancia de un cine rural, en sus temáticas, hacia un cine urbano; el surgimiento de una generación de directores formados en el exterior (Felipe Aljure, Jorge Echeverri, Harold Trompetero, Raúl García, etc.), así como de las primeras escuelas y facultades de cine en el país; el estreno de una sucesión de películas que se convierten en hitos cinematográficos en un país que no estaba acostumbrado a tenerlos (Rodrigo D, Confesión a Laura, La estrategia del caracol y La gente de La Universal); y por último, la accesibilidad del video que posibilitaba crear productos con buena factura, ya para los realizadores jóvenes que pudieron hacer escuela gracias a este medio tecnológico, o para los veteranos, a quienes les permitió tener una continuidad entre sus distanciados trabajos en cine.
Una década pobre
Muy a pesar de esto, el primer lustro de los años noventa fue uno de los más pobres del cine colombiano en décadas, pues no se alcanza a contar ni una decena de largometrajes. Aún así, entre ellos están esas cuatro películas hitos que, cada una a su manera, le empezaron a devolver la fe al cine nacional: La participación de la cinta de Gaviria en la selección oficial del Festival de Cannes y la revelación de una forma de hacer cine que ha hecho escuela en el país; Confesión a Laura (Jaime Osorio, 1991), por su parte, da cuenta de una madurez cinematográfica inédita en Colombia; La estrategia del caracol (Sergio Cabrera, 1993), se convierte en un fenómeno popular que consiguió un record de asistencia aún no superado y gracias al cual los productores e inversionistas se interesaron de nuevo en la industria de cine; y por último, La gente de La Universal(Felipe Aljure, 1995), también recibida generosamente por la taquilla, pero sobre todo, que supuso una propuesta estética que asumía unos riesgos nunca antes vistos en nuestra cinematografía.
De la pobreza en la producción durante esa última década del siglo –dos películas por año en promedio–, se pueden destacar tres iniciativas. La primera, es el intento de Ciro Durán, por parte de Colombia, de hacer viable la rentabilidad de la industria a través de la coproducción, en este caso aprovechando el acuerdo del G-3 entre Colombia, México y Venezuela. Así fue como se pudieron realizar las películas Bésame mucho (Phillippe Toledano, 1995), La nave de los sueños (Ciro Durán, 1996), Rizo (Julio Sosa, 1999), La toma de la Embajada(Ciro Durán, 2000) y Juegos bajo la luna (Mauricio Walerstein, 2002). Ya antes Durán había realizado, también en coproducción, pero esta vez con Estados Unidos, Nieve Tropical (1993). Este grupo de películas no tuvieron buena aceptación, aunque contaba con la ventaja de la distribución en los tres países del convenio. Pero el balance en tanto la calidad cinematográfica es más bien infortunado, sobresaliendo solo las tres películas dirigidas por el director colombiano.
La otra iniciativa destacable en esta década es el intento de Sergio Cabrera por darle continuidad a su obra aprovechando el enorme éxito de La estrategia del caracol. Es así como puede realizar tres películas antes de que termine ese decenio: Á guilas no Cazan Moscas (1994),Ilona Llega con la Lluvia (1996) yGolpe de Estadio (1998). Su recibimiento por parte del público y la crítica fue tan irregular como el nivel de ellas mismas.
La tercera iniciativa es el comienzo de una experiencia que se convertiría, en la década siguiente, en el fenómeno industrial más importante del cine nacional. Se trata de los primeros filmes de Dago García, un exitoso libretista de televisión que incursionó en el cine, como guionista y productor, tratando de hacer películas que tomaban riesgos y no pensaban mucho en las concesiones al espectador: La mujer del piso alto (1996), Posición Viciada (1996)y Es Mejor Ser Rico Que Pobre (2000)las tres dirigidas por Ricardo Coral-Dorado. Pero el público les dio la espalda y este productor haría las correcciones necesarias para ganarse la atención de la masa y lo consiguió concentrando sus historias en el humor y su concepción de lo que se supone es la clase media y la cultura popular. A partir de La Pena Máxima (Jorge Echeverri, 2001) García encuentra la fórmula que, como un rito, ha aplicado cada año desde entonces, y el público lo ha premiado con una generosa taquilla, no importa que sea sólo cine de consumo soportado en unas débiles y reiterativas estructuras.
El apoyo estatal
En 1997, con el fin de cumplir funciones similares a las de FOCINE, son creadas la Dirección de Cinematografía, adscrita al Ministerio de Cultura, y Proimágenes en Movimiento, con carácter de entidad autónoma. Ambas instituciones son las responsables de sacar adelante la aprobación de la Ley de Cine en el año 2003, gracias a la cual será posible una reactivación de la cinematografía del país. Pero lo más importante es que la forma en que fueron concebidas permitió una mayor eficacia y transparencia en el uso y asignación de recursos. Los seis mil millones de pesos que, en promedio, desde la puesta en vigor de la ley están disponibles para el cine nacional, han sido distribuidos en las distintas etapas de producción y para toda la diversidad de categorías del quehacer cinematográfico, destinando siempre la mayor inversión para los largometrajes.
Es por eso que en la transición del nuevo siglo el cine en Colombia pudo ver las señales de un prometedor futuro. Aún sin los beneficios de la Ley de Cine, el apoyo estatal le dio el empujón final a una serie de películas que padecían el largo y penoso proceso típico de toda producción colombiana. Gaviria estrena La vendedora de rosas (1998), que se convierte en un nuevo hito del cine nacional, mientras que en los primeros dos años del siglo se logra estrenar una docena de películas. De esta época se destacan las cintas de tres directores veteranos, Soplo de vida (Luis Ospina, 2000), Los Niños Invisibles (Lisandro Duque, 2001) y Bolívar soy yo (Jorge Alí Triana, 2002); además de las óperas primas de Harold Trompetero (Diástole y sístole, 2000), Raúl García (Kalibre 35, 2000), Rodrigo Triana (Como el gato y el ratón, 2002), Luis Alberto Restrepo (La primera noche, 2003) y el segundo filme de Jorge Echeverri (Terminal, 2001), que es más bien su primera obra, porque la anterior fue un encargo.
Estos primeros años de la década también se vieron beneficiados por tres coproducciones: La Vírgen de los Sicarios (Barbet Schroeder (2000), María llena eres de gracia (Joshua Marston, 2004) y Rosario tijeras (Emilio Maillé, 2005), dirigidas por extranjeros, por lo que obtuvieron gran publicidad en el exterior y popularidad en Colombia, sobre todo por sus temáticas relacionadas con los conflictos y la violencia del país, lo cual empezó a causar cierto malestar entre un sector del público. Son tres películas que dieron la idea de que el cine colombiano explotaba su realidad con fines comerciales, pero es un argumento que se puede rebatir fácilmente con la pobre taquilla de la mayoría de estas películas que después se hicieron sobre estos temas, así como se puede refutar que no son tan preponderantes entre el grueso de la producción nacional, pero sobre todo, es un argumento que no tiene en cuenta que son películas que responden a unos procesos históricos que había vivido el país y que el cine se vio en la necesidad de reflejar y reflexionar sobre ellos con la seriedad y solidez que lo hicieron películas como El rey (Antonio Dorado, 2004), Sumas y restas (Víctor Gaviria, 2005), La sombra del caminante (Ciro Guerra, 2005), Satanás (Andrés Baiz, 2006), Apocalípsur (Javier Mejía, 2006), Yo soy otro (Óscar Campo, 2008), PVC-1 ( Spiros Stathoulopoulos, 2008), La pasión de Gabriel (Luis Alberto Restrepo, 2009), entre otras.
A partir del año 2005 se empiezan a ver los primeros resultados de los recursos de la Ley de Cine. Es el inicio de lo que muchos han dado por llamar un “boom” o incluso se habla de un “nuevo cine colombiano”. Pero dados los antecedentes sobre la facilidad con que se ha declarado una y otra vez el nacimiento del cine nacional, es mejor hablar cautelosamente de una dinamización en la producción nacional, que no en la industria, pues para eso hacen falta más Dagos García y más taquillazos como el de Soñar no cuesta nada (Rodrigo Triana, 2006).
Pero, efectivamente, en los últimos años el cine nacional ha experimentado un dinamismo y vitalidad que convierte a éste en su mejor momento y con la promesa de cualificarse aún más por distintas razones: la profesionalización que han ganado los realizadores en todas las áreas de la creación, gracias a la mayor continuidad en su trabajo; el aumento del número de producciones anuales (diez en promedio en los últimos años); la gran riqueza y calidad que experimentan el cortometraje y el documental, que necesitarían otro texto de igual extensión para dar cuenta de ellos; la conjunción de varias generaciones de realizadores que le dan una saludable diversidad el cine nacional; la paulatina recuperación, para las películas colombianas, de su propio público, lo cual va de la mano de los procesos de formación de públicos que se han multiplicado en la última década por vía, principalmente, de los cine clubes y de la sorprendente cantidad de muestras y festivales de cine (64 en todo el país). Son muchos aspectos que permiten tener un optimismo respecto al futuro de nuestro cine, también son muchos los que tienen que mejorar, pero el caso es que en esta era “después de Rodigo D”, ya se puede hablar de una cinematografía nacional con identidad, factura y que está progresando significativamente en su calidad.
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El origen, de Christopher Nolan |
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La realidad por capas
Por Oswaldo Osorio

El mundo de los sueños es uno de los temas más viejos del cine. La realidad onírica es la que más fácil se le da a los medios del séptimo arte y a la que, junto con la fantástica, mejor provecho le ha sacado. Por eso, de tan recurrente que ha sido en las pantallas, es necesario que cada director que lo retome haga la diferencia, como ocurre en este filme. Porque no se trata de una cinta más sobre el tema, sino de una de las más complejas y sofisticadas historias que se haya hecho, un verdadero viaje a las posibilidades del subconsciente y a su aprovechamiento argumental y narrativo.
Es difícil pensar en otro director de la industria que, en la última década, haya logrado combinar la originalidad, el talento y el éxito comercial como lo ha hecho Christopher Nolan. Está claro que lo suyo son los thrillers sicológicos. Pero no los limita simplemente al loquito sofisticado que asesina gente, tipo Hannibal Lecter, sino que su inmersión en la desequilibrada sicología de sus personajes siempre es más sólida y compleja que los clichés del género. Memento, Insomnia y hasta las dos últimas entregas de Batman tienen esta marca, la de no solo ser perfectos thrillers, sino también una inmersión en las profundidades de la sicología de sus personajes.
Al principio, esta película puede parecer una de tantas que recurren al esquema de hacer que la acción pase de una realidad a otra, un esquema que ha sido muy explotado, sobre todo en estos tiempos de realidades virtuales. Sin embargo, rápidamente se puede ver que no solo es un Matrix onírico, sino que tiene la capacidad de trascender esa simple y vieja idea de Alicia atravesando el espejo, para darle una vuelta de tuerca planteando una lógica similar a la de las muñecas rusas, las matriuskas, en la que una realidad es sólo una capa que recubre otra realidad y ésta, a su vez, encierra otra.
La imaginación de este director inglés, quien también escribió el guión, fue capaz de crear y articular cuatro niveles de realidad, una contenida dentro de otra. De manera que la complejidad que alcanza esta cinta lleva al espectador al límite de su concentración, porque es necesario poder seguir un relato que ha compartimentado la acción, la trama y la sicología de sus personajes (al menos la de dos de ellos) en cuatro niveles, que se deben visualizar no cómo sótanos en un edificio, sino como matriuskas, uno al interior del otro.
Además de estos niveles, la cinta presenta un doble conflicto, uno para garantizar la trama de acción (la misión de plantar una idea en el inconsciente de un hombre) y otro para reflexionar sobre la relación entre los sueños, el subconsciente, la realidad y los recuerdos (la intromisión de la mujer del protagonista en cada sueño). Con estos dos conflictos entrelazados, la película no corre el riesgo de caer en los extremos de ser solo una cinta de acción o solo un drama sicológico, sino que es posible presenciar un contrapunto entre las dos posibilidades que se enriquecen y dinamizan mutuamente, logrando así una pieza original en su concepción, sólida en sus planteamientos y excitante en su desarrollo.
Publicado el 6 de agosto de 2010 en el periódico El Colombiano de Medellín.
FICHA TÉCNICA
Título original: Inception
Dirección y guión: Christopher Nolan
Producción: Christopher Nolan y Emma Thomas. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Wally Pfister
Reparto: Leonardo DiCaprio, Ken Watanabe, Joseph Gordon-Levitt, Marion Cotillard, Ellen Page, Tom Hardy, Cillian Murphy, Tom Berenger, Michael Caine, Lukas Haas.
Reino Unido - 2010 - 150 min. |
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Dos hermanos, de Daniel Burman |
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La familia no se escoge
Por Oswaldo Osorio

Un hermano puede ser un extraño íntimo. Porque los hermanos pasan buena parte de sus vidas juntos y, por lo general, la vida entera en contacto permanente, pero de todas formas, en lo profundo, pueden ser unos desconocidos entre sí o, incluso, es posible que cada cual diga que, de no ser hermanos, nunca aceptaría al otro como amigo. En esta película ocurre algo parecido. Dos personalidades contrarias, unidas por la sangre y por la soledad de la cuasi vejez, que al mismo tiempo conviven y se enfrentan, se deprecian y se aman.
Pero esta cinta va más allá de lo tediosa que parece su historia por la descripción inicial de sus componentes. Es cierto que está hecha de la pura cotidianidad de unos personajes en general ordinarios, quienes además protagonizan una historia en la que tampoco nada extraordinario ocurre, pero es en la mirada del director y lo que, a la larga, termina mostrándonos de ellos y de su relación lo que puede hacer la diferencia.
Daniel Burman, su director, fue uno de los protagonistas del Nuevo Cine Argentino, el cual se dio desde mediados de los años noventa y se constituye en el único movimiento de renovación en el cine latinoamericano en cuarenta años. Es un dato significativo, porque da indicios de que estamos ante un cineasta con carácter y experiencia. Tal vez sea quien más éxito ha tenido de su generación y de ese nuevo movimiento, que aún no se ha hecho viejo. Sus películas tienen unas temáticas y un tono muy similares a ésta, son historias que denotan casi una obsesión del director por las relaciones familiares, con todo lo que ello implica: los afectos, la variedad de personajes, la emotividad, la identidad o la falta de ella, entre otras cosas.
Luego de la muerte de su madre, Susana y Marcos solo se tienen la una al otro. Ella es mitómana, embaucadora y exasperante, mientras que él es tranquilo, adaptable y un poco imbécil. Por momentos no se sabe para dónde va todo el asunto, porque se trata de una serie de situaciones triviales, diálogos anodinos y detalles cotidianos sin una trama precisa. Pero poco a poco va tomando forma. Con la lenta pero consistente construcción de la pareja protagónica, se va develando un sentido del relato que va más allá de dibujar un argumento.
Porque la historia que aquí se cuenta pasa por varias etapas: de la parsimonia de un relato sobre actos cotidianos, a un drama de situaciones absurdas, para finalmente recalar en una sobria comedia picaresca sobre las manías de dos hermanos y su relación de afecto y repulsión. En medio de esto, se dan unos momentos divertidos y otros realmente lúcidos y de gran fuerza, como cuando, con la excusa de escuchar lo que dicen en el apartamento de al lado, los hermanos lo que escuchan es los ecos de su relación llena de resentimientos, conflictos y nostalgias. Entonces aquí se evidencia aún más que mientras la hermana pone todo el drama y la exasperación de lo que puede ser la familia, el hermano pone la paciencia y la comprensión, también la falta de voluntad. Por eso, en últimas, terminan complementándose.
Aunque no todo es tan simple como parece, como da a entender esa recreación de su cotidianidad y ese conocido esquema de amor-odio. Porque es posible también hacer lecturas de circunstancias y sentimientos más ocultos, como todo lo que implica la reprimida homosexualidad de él o la muda angustia de ella por la soledad y por no poder controlarlo todo. De ahí que para ver esto y más, hay que sintonizarse con la lógica y el ritmo de esta particular propuesta, que en principio puede irritar, pero que en perspectiva termina siendo una obra inteligente y divertida.
Publicado el 30 de julio de 2010 en el periódico El Colombiano de Medellín.
FICHA TÉCNICA
Dirección: Daniel Burman.
Guión: Daniel Burman y Sergio Dubcovsky; adaptación de la novela “Villa Laura” de Sergio Dubcovsky.
Producción: Diego Dubcovsky.
Música: Nicolás Cota.
Fotografía: Hugo Colace.
Reparto: Graciela Borges, Antonio Gasalla, Elena Lucena, Osmar Núñez, Rita Cortese.
Argentina - 2009 -105 min. |
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Retratos en un mar de mentiras, de Carlos Gaviria |
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Imágenes de un doble conflicto
Por Oswaldo Osorio

Mientras el país no cambie, el cine nacional seguirá insistiendo en los mismos temas, los cuales, además, son los que generalmente brindan mejor material para la realización de buenas películas, de cintas serias y sólidas, comprometidas con mirar nuestra realidad y reflexionar sobre ella, no como mera anécdota sensacionalista, ni como simple recuento de hechos, sino con una mirada atenta y honesta a la que le importa tanto el cine como el país. Justo a este tipo de películas es al que pertenece esta ópera prima de Carlos Gaviria.
El desplazamiento forzoso como tema de fondo y el road movie como esquema narrativo son las coordenadas en las que se mueve el relato. De hecho, ambos elementos están ligados por la lógica que los define, esto es, el espacio y la territorialidad. En este contexto, la pareja de primos que protagoniza la historia hace un viaje para recuperar las tierras que perdieron por esa violencia que los obligó a emigrar.
Pero como en todas las películas de carretera, no se trata de un simple viaje físico y geográfico, sino que para ellos es un viaje al pasado y a todo lo que ello conlleva: la búsqueda de sus raíces, de un futuro mejor por vía del regreso al origen y de la recuperación de lo que les pertenece y los define, incluso también es la confrontación de sus traumas, en especial en el caso de Marina.
Este recorrido lleva al espectador a lo más hondo de los miedos de esta joven, pero también del país, del que tal vez sea su más crítico y antiguo problema: la violencia disfrazada de bandos o ideologías, pero que sólo es una excusa para apropiarse de las tierras de los otros, ya por vía de la eliminación o la expulsión. Esta dinámica es la que ha imperado en Colombia desde las guerras civiles del siglo XIX.
Como muchas de las películas que se refieren a la realidad del país, en esta se puede ver claramente ese doble conflicto, el del país y el de sus personajes, y claro, el de estos en buena parte ligado al primero. De manera que los retratos del país empiezan con la extrema marginalidad de los barrios constituidos principalmente por desplazados, hasta llegar a aquel lugar que es al mismo tiempo el recuerdo de un horrible pasado y la esperanza para reconstruir el futuro. Porque se dice que en Colombia las cosas han cambiado y que la gente puede volver a sus hogares y recuperar lo perdido, pero la realidad es muy distinta y esta película se encarga de ilustrarla de forma aplastante.
Así que de fondo hay un par de asuntos que la película plantea con mucha seriedad y casi angustiante gravedad, que es la violencia en la Colombia profunda y los traumas y la tristeza de la joven Marina como consecuencia de todo lo que ha sufrido por esta violencia. Y sin embargo, no se trata de un oscuro y truculento drama. Aunque esos conflictos están siempre presentes, sobre todo el de Marina, el relato se desarrolla de forma vivaz y casi desenfadada, esto a causa de las particularidades (narrativas y visuales) del esquema de road movie, pero también por el contraste entre las personalidades de los dos primos, pues mientras Marina se muestra casi siempre callada y ensimismada (con una Paola Baldión que supo transmitir mucho con poco), Jairo es extrovertido y dicharachero, henchido de todo el optimismo y alegría que su prima ha perdido.
La precisión y sutilezas con que Carlos Gaviria construyó la relación entre estos dos personajes es la más importante virtud de esta película. Pero en general estamos ante una cinta sólida y consecuente con su tema, imperfecta por momentos, pero nada que empañe un sobrado desempeño de todas sus partes, las cuales consiguen construir un relato que es capaz de cumplirle con altura al cine y a la realidad del país.
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Reacciones al artículo “La explotación de un gremio”, sobre la convocatoria de Canal U |
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Al parecer este texto que denunciaba el injusto trato por parte de entidades como Canal U con el trabajo de los realizadores, causó muchas reacciones, a continuación reproducimos algunas, incluyendo la posición del Canal U.
Qué verguenza!
Diego García Moreno
LAMARACA Producciones
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En buena hora alguién pone el tema de regalar las producciones audiovisuales. Cuando hace ya varios años le dije a Teleantioquia que solicitar emisiones no remuneradas era una forma de vislumbrar su visión del medio y por ende dejar ver su mediocridad, me tildaron de prepotente. Y bien prepotente o no, invito a todos para que nos neguemos no solo a no ser pagados, sino a recibir remuneraciones ridículamente bajas. En mi caso he preferido que mis realizaciones no sean vistas en Colombia por no encontrar un pago adecuado y lo mejor es que siempre encontraremoos mercado internacional para nuestros trabajos. El oficio de realizadores debe ser respetado y el oficio solo lo podemos hacer respetar nosotros.
En horabuena este artículo
Felicitaciones
Luis Eduardo Mejia Duque
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Me gusta mucho este artículo, y si respondo es porque aquí en cali hay una situación parecida con el canal 14. Ellos son muy amables, muy queridos, las niñas del programa expresión visual se interesan mucho por nuestros proyectos, en mi caso han emitido todos los cortometrajes que hemos realizado en nuestra empresa y resulta que ahora estamos comenzando con un nuevo proyecto y acudimos a ellos para que nos apoyaran en lo que estuviera a su alcance. En respuesta el gerente del canal nos contestó al teléfono de la siguiente manera: "no se moleste en explicarme quien es usted, yo no estoy interesado en su proyecto". Entonces, estoy de acuerdo en que no nos apoyen, pues nadie está en obligación de meterse en un proyecto. Pero creen ustedes que después de haberle regalado nuestro trabajo para llenar su parrilla esa es la forma de contestar??? no podría haber un poco más de cortesía??? Sería importante que averiguaran un poco más y contaran más historias de este tipo para que los colegas que no han pasado por este tipo de situaciones no tengan que pasarlas. Gracias por su atención
Paola Andrea Pérez Nieto
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Estoy totalmente de acuerdo con usted, para ellos es claro que la tienen difícil para llenar su reciclada parrilla de programación, más aún con diversidad de estilos, pero no es justo que lo hagan con el esfuerzo de los demás, ademas, me han propuesto "difundir" mis documentales para darme a conocer, con los inumenrables beneficios que ello conlleva, como dicen ellos .... todavía están esperando la respuesta y creo que así se van a quedar...
mi nombre es Jorge Iván Delgado Restrepo me dicen koky, una vez hice un curso con usted en Comfama sobre cine y realmente me gusta ver personas que vivan el cine con esa pasión, da gusto leer tus artículos....
muchas gracias y adelante con el cine....
atte Jorge Iván Delgado Restrepo.
Prouctor Audiovisual
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Totalmente deacuerdo, que bueno que ustedes lo digan a tanta gente, lo que necesitamos son incentivos que nos apoyen de una manera menos romantica...
Salud! y gracias por seguir enviandome estas criticas...
ERIKA
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Totalmente de acuerdo con el artículo de Iñigo Montoya. Lo mismo sucede con convocatorias realizadas por Canal Capital (El espejo), Señal Colombia (Ópera prima) y Canal Caracol. Los realizadores no podemos entregar nuestro trabajo de esa manera. Algo similar ocurre al subir obras completas a la web. Gracias por escribir acerca de los abusos de canales dudosos y sin ningún mérito académico ni artístico como Canal U.
Javier Quintero
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Cordial saludo.
Oportuno y valiente este articulo. Desde hace tiempo yo prometí estudiar muy bien a que convocatorias envio mis trabajos audiovisuales. La primera vez que me cuestioné fue cuando Comfenalco organizó Antioquia para verte mejor. Uno tenia que ir a Santa Fe de Antioquia por su propia cuenta, mientras ellos montaban el espectáculo de cuenta de uno. Fuera de eso los realizadores de los pueblos que trabajamos con equipos caseros, sin dinero y arriesgando la amistad de los colaboradores, competimos contra los realizadores de la ciudad que presentaron trabajos que tuvieron presupuestos millonarios. Por supuesto, el premio se quedó en ellos, pero bien podria haber sido un estimulo a pequeños realizadores para tener mejores equipos. Pero esos abusos siguen pasando. Mi trabajo lo pasó Caracol Internacional, no pagó nada pero como era mi primer trabajo me sentí bien recompensando. Además se trataba de un concurso y, por supuesto, ganó el mejor. Lamentable que el canal U esté tan malo. Aqui al pueblo no llega y por internet hay tanto para ver que no se me ha ocurrido mirarlo. Entonces cómo andará la carrera de comunicacion social de esa universidad?
Cordial saludo. Leonidas Rendón Garro
www.youtube.com/rendontv
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soy realizador audiovisual. y los apoyo en su tesis. sin remuneracion nada. mi trabajao estuvo en 9 festivales inter, y querian pasarlo gratis por varios canales. y ni por el putas. Literalmente que se dejen de cuentos.
un abrazo
CARLOS ALBERTO VARELA FERNANDEZ
DIRECTOR-PRODUCTOR
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La industria de la imagen es, y sera siempre vicitma, desde cuando realizadores y fotografos no tomen conciencia de su obra, y no vivan de limosnas o degraden su labor obsequiandola para uso tan comun como el del papel higienico. Como fotografo he sido victima de mas de uno que cuando de pedir se trata son enanos, y despues hasta con esos mismos regalos se agigantan, a expensas de los mismos que ya sabemos. Vale la nota, y que se distribuya! ***
Completamente de acuerdo con ustedes.
Apoyo su acción de dignidad y su denuncia contra este tipo de situaciones
Saludo
Carlos Mario Betancur Betancur
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Señor Iñigo Montoya,
Agradezco que estos espacios existan para dar a conocer todos los puntos de vista que puede tener la comunidad sobre un tema específico. Sobre su nota de la convocatoria de Canal U “Primer Plano”, me gustaría informarlo sobre detalles que puedo entrever, desconoce:
· La política del Canal con respecto a su parrilla, es que su programación denote temas trasversales como el empresarismo, el bilingüismo, la formación académica, la orientación profesional, la cultura universitaria, entre otros, y que bajo estos temas de interés común, se puedan brindar los espacios a estudiantes y profesionales para mostrar sus trabajos.
· Somos un canal educativo sin ánimo de lucro y no comercial, si este último es su interés, puedo sugerirle enviar su trabajo a otro canal que seguramente emitirá su producto con una remuneración acorde con sus intereses personales.
· Este tipo de convocatorias las realizan todos los canales del país, públicos y privados, y nosotros lo hacemos porque somos un canal universitario, de emisión abierta y porque consideramos que es éste es un buen espacio para hacer públicos aquellos proyectos que se han quedado sin mostrar. Además, todos sabemos que muchos de estos trabajos se realizan ya financiados y requieren respaldo de emisión.
· Lo invito a usted y a quienes congrega este blog para que conozcan la nueva programación del Canal que saldrá al aire en agosto. Una programación 100% nueva. Por esta razón deseamos que quienes participen en esta nueva convocatoria cuenten con un espacio renovado dedicado a toda la comunidad.
Si usted o alguien que comparta sus ideas tiene dudas con respecto al Canal U, lo invito a mi oficina para que puedan enterarse de todas las actividades de este Canal universitario. Un canal sin ánimo de lucro, que con 10 años de existencia y con el apoyo de sus cinco instituciones socias, continúa trabajando por posicionar la televisión educativa.
Johana Jaramillo Palacio
Directora
Canal Universitario de Antioquia
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