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Alicia en el País de las maravillas, de Tim Burton PDF Imprimir E-mail

O la historia de las dos Alicias

Por Oswaldo Osorio

A pesar de todas las adaptaciones que se han hecho del clásico de Lewis Carroll, empezando por la magnífica cinta animada de Walt Disney (1951), es con esta nueva versión que se conjugan dos elementos que potencian su fuerza imaginativa y su fascinante universo fantástico: el director Tim Burton y el desarrollo de la imagen digital. Porque con el talento y la retorcida imaginación de Burton, más las posibilidades visuales sin límites que brinda ahora la tecnología, el País de las maravillas y sus personajes se presentan ante el público de una manera nunca antes vista, que además es complementada por el formato en tercera dimensión.

Lo primero que hay que aclarar es que la película está basada en la combinación de los dos libros que Carroll escribió sobre el personaje, esto es, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1865) y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871). Es por eso que el argumento y los personajes se hacen familiares en muchos pasajes, pero también sorprenden en otros. Fue una afortunada decisión que le permitió a Burton ser original con una de las historias más conocidas de la historia de la literatura.

El asunto fundamental aquí, entonces, es el encuentro de este singular director con la popular obra. El relato de Carroll le proporciona un universo justo como los que le son afines a Tim Burton. La particular visión del cineasta se caracteriza por combinar lo fantástico con lo macabro, también por su gusto por los mundos puestos de cabeza, la locura inofensiva y los personajes y criaturas nobles e inocentes, que no ingenuos, pero sí con un aspecto y comportamientos bizarros e inquietantes. Todas estas propiedades coinciden con la obra, por eso la alquimia de estos elementos es evidente, y el espectador asiste a un espectáculo visual llamativo y fascinante, a un vuelo de la imaginación estimulante y entretenido.

La obra literaria ha dado para múltiples interpretaciones, porque fue concebida con una gran carga de simbolismos y alusiones satíricas dirigidas hacia la sociedad inglesa y la época del autor, pero las versiones popularizadas por la literatura infantil y las adaptaciones al cine y la televisión, se han concentrado en su componente anecdótico y fantástico.

La versión de Tim Burton no difiere mucho en este sentido, y tal vez en eso sí resulta un poco decepcionante, porque su atractivo principal está en ese deslumbrante universo que construye, y en las particularidades con que carga a sus personajes, pero esencialmente está limitada a una fábula de fantasía más orientada para un público familiar, relegando un poco a su base de fanáticos que esperan de él unos relatos menos convencionales y más sugerentes y con esa juguetona perversión que caracteriza su cine.

La “sustancia” en la película está centrada en las dos Alicias a las que hacen alusión durante todo el relato: la falsa y la verdadera, la niña y la joven, la cobarde y la valiente, la que cree estar soñando y la que entiende que ese mundo parado en el techo es real. Siguiendo el esquema clásico del héroe, el paulatino autodescubrimiento es lo que le permite transformarse al personaje, una transformación que se opera gracias a los amigos y enemigos que va ganando y a los retos y aventuras a los que se somete durante su aventura.

La forma en que Burton busca contrarrestar ese convencionalismo de “película de fantasía” es poniendo el énfasis en ciertos personajes, como los hermanitos Tweedledum y Tweedledee, pero sobre todo en la Reina Roja y el Sombrerero, que no es casual que sean interpretados por su pareja de actores favorita, Helena Bomhan Carter y Johnny Depp. Es en estos dos personajes en los que mejor se puede apreciar el sello burtoniano, con toda su imaginativa extravagancia. Son ellos los que, sólo ocasionalmente, se roban el espectáculo y hacen de esta Alicia una película un poco distinta a la que cualquier otro hubiera hecho.

FICHA TÉCNICA

Título original: Alice in Wonderland
Dirección: Tim Burton
Guión: Linda Woolverton; basado en los libros “Alicia en el País de las Maravillas” y “A través del espejo” de Lewis Carroll.
Producción: Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd y Richard D. Zanuck.
Música: Danny Elfman
Fotografía: Dariusz Wolski
Reparto: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Crispin Glover.
USA - 2010 - 110 min.

 
El cine colombiano y sus temas PDF Imprimir E-mail

¿Menos balazos y más besos?

Por: Oswaldo Osorio

“Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos. ¿Qué
tiempos son éstos en que hablar sobre árboles es casi
 un crimen porque supone callar tantas alevosías?

Bertoldt Bretcht

 

Cada país tiene el cine que se merece. Y uso esta expresión no para referirme al poco apoyo que le da el público a su cine, lo que trae como consecuencia que las películas colombianas sean siempre maltratadas en la cartelera comercial; a lo que me refiero es a los temas que aborda cada cinematografía, a sus personajes y sus historias. Pero no es cierto que todo nuestro cine es sobre violencia y narcotráfico, al contrario, se necesitaría que se hablara más de ello y el público lo viera más, lo cual seguramente contribuiría a entender muchos de nuestros problemas.

Desde finales de la década del cincuenta la realidad del país ha sido la columna vertebral del cine nacional, y entre más aciagos son los tiempos, más se empeñan los directores en hablar de lo que está pasando, es como una obligación moral en su calidad de artistas. Porque si el cine es el espejo de la vida, la función de su reflejo es justamente que la gente se vea en él, y estando al otro lado del espejo, es decir, al otro lado de la pantalla, observando lo que en ella ocurre, entonces tendrá otra perspectiva de su vida y su realidad, sobre todo por ese acercamiento y esa forma de entenderla que propone cada director.

Una película sobre el secuestro, por ejemplo, siempre será más elocuente y contundente que la nota diaria de dos minutos en los noticieros nacionales o que las cifras de los cautivos y todo el tiempo que llevan encadenados. Esa nota diaria se vuelve parte del paisaje mediático y esas cifras son sólo unos números más entre tanto conteo de desgracias. Pero conocer a un personaje de cerca, escucharlo hablar y entender su drama a través de una película, puede ser mucho más revelador, porque como decían en alguna otra cinta, no importa que sea ficción, de todas maneras duele.

Pero ese cine que refleja nuestra problemática realidad no es todo el cine que se produce en el país, como muchos quieren creer y por lo que afirman estar cansados de los mismos temas. Sólo que ese cine sobre la realidad es muchas veces el más comentado y casi siempre el más significativo. Aunque esto no necesariamente es garantía de que sea el más visto. Existe una considerable diferencia entre los taquillazos de cada fin de año de las tontas películas de Dago García y las modestas cifras de las películas de Víctor Gaviria.

Sólo habría que revisar algunos números para constatar la falsa impresión de un predominio de este cine sobre la violencia. Desde el 2000 se han realizado 70 películas  en el país (largometrajes de ficción) y apenas 29 están relacionadas con la realidad conflictiva del país, ya sea narcotráfico, conflicto armado, delincuencia o marginalidad. Sólo hay siete con el narcotráfico como tema central o importante, seis con la guerrilla o paramilitares y de sicarios hay dos. ¿Dónde está el predominio?  

Estas cifras quieren decir que   menos de la mitad de nuestro cine es sobre esos temas que supuestamente tiene cansado a todo el mundo. Esta falsa impresión no tiene en cuenta todas esas películas que se hacen en el país con fines comerciales, que buscan en el humor fácil o las historias populistas el beneplácito del público: Ni te cases ni te embarques, Muertos de susto, Las cartas del gordo, El ángel del acordeón, Bluff, Soñar no cuesta nada, etc. Y tampoco tiene en cuenta esas películas que son “invisibles”, ya por falta de presupuesto para su promoción o por la tiranía de los exhibidores que les niegan su entrada a los teatros o las sacan hasta una semana después de su estreno: La sangre y la lluvia, El cielo, Riverside, La historia del baúl rosado, Terminal, Malamor, Los niños invisbles, etc.

El espectador colombiano es crispetero, poco cinéfilo y prejuicioso con el cine nacional. El supuesto hartazgo con ciertos temas de las películas nacionales es consecuencia de un arrogante desconocimiento, y sin embargo, ese mismo público ahora se encuentra premiando con el más alto rating todas esas novelas y seriados que explotan de la manera más superflua y efectista estos mismos temas. Aquí sí se podría decir, pero ahora en el peor sentido de la expresión, que cada país tiene la televisión que se merece. Porque, en cuanto a estos temas se refiere, lo que en el cine colombiano casi siempre ha sido un acercamiento serio y reflexivo, en la televisión simplemente es pan y circo.

Por otro lado, más absurda resulta la tesis de que estos temas le dan una mala imagen al país. Mala imagen al país con el conflicto armado más antiguo del mundo, al país de Pablo Escobar y al país de los falsos positivos. Ya el cine colombiano quisiera ser visto fuera de sus fronteras por un público masivo. Lo cierto es que sólo un par de películas de Víctor Gaviria y Sergio Cabrera han sido marginalmente estrenadas en España y si bien muchas otras se han podido ver en festivales de cine, ha sido en una única presentación y en medio de otras trescientas películas. La mala imagen que tenemos también es la que nos merecemos y ha sido divulgada y sobredimensionada, no por el cine, sino por los medios de comunicación bajo un criterio siempre sensacionalista.

Es verdad también que al cine colombiano le faltan más besos. Porque nuestro cine habla de la conflictiva realidad o se ríe de ella y de todas las colombianadas. Pero historias de amor hay más bien pocas. Esta presencia del dolor y del humor, junto con la ausencia del amor, es una ecuación que serviría de punto de partida para un análisis más amplio de lo que son los colombianos y su cine.

Pero en definitiva, lo que se impone es una visión limitada o desfigurada del cine nacional. A pesar de que en los últimos años el cine colombiano ha recuperado muchos espectadores, falta bastante para que su público le dé el debido respaldo que lo fortalezca como industria y, al parecer, falta más todavía para que entienda la importancia de que siga abordando los temas complicados, porque en el cine nacional son importantes las risas y los besos, pero también los balazos.

Publicado en el Periódico Universo Centro de Medellín. No. 9, febrero de 2010.

 
Amor sin escalas, de Jason Reitman PDF Imprimir E-mail

La vida sentimental de un viajante

Por Oswaldo Osorio

A despecho del mal título que, como casi siempre ocurre, le pusieron en español, esta película poco tiene que ver con el amor. Más bien el desamor y sus sustitutos son los asuntos que jalonan esta historia, la cual en el fondo está hablando de las relaciones personales en la sociedad moderna y, específicamente, con referencia al mundo laboral. Estos asuntos complicados y profundos, sin embargo, son abordados sin ostentación ni estruendosos dramas, todo lo contrario, el desenfado y la sutileza son las armas usadas por este joven director que, gracias a esto, ya se ha forjado una buena reputación.

Lo primero que se puede decir de Jason Reitman (aparte de que seguramente le fue más fácil entrar al negocio gracias a su padre, Iván Reitman, director y productor de una veintena de taquillazos de Hollywood) es que gusta de historias y personajes poco convencionales. Eso se pudo ver en sus tres primeros filmes: Gracias por fumar (2005), Juno (2007) y Bonzai Shadowhands (2008). Podría decirse que son historias políticamente incorrectas que tienen a antihéroes como personajes, pero eso sería llevarlas a un extremo que no es exacto, porque al abogado que defiende las tabacaleras, a la adolescente que quiere abortar, al maestro ninja en decadencia y a las respectivas historias que protagonizan, les falta la carga de “veneno” y trasgresión que exigen estos conceptos.

Igual ocurre con su última película. Está revestida con el tufillo de simpleza e irreverencia que caracteriza al cine independiente (su protagonista también es una suerte de antihéroe no romántico), pero nunca excede lo límites de velocidad y maledicencia impuestos por el cine de Hollywood. Pero aún así, no se puede tampoco acusar a este director de hacer los productos típicos de la más grande industria de cine. Sus películas realmente quieren hacer la diferencia y con esta última esa intención se evidencia todavía más.

El hilo conductor de esta historia es precisamente esta especie de antihéroe, un hombre a través del cual el filme defiende un estilo de vida muy particular, un estilo que implica un desprendimiento de esos lazos afectivos que para la mayoría de las personas son indispensables. El relato casi todo el tiempo claramente toma partido por el personaje y su visión del mundo, sin cuestionarlo demasiado, en cambio, quien sí lo hace, su ambiciosa joven colega, la presenta como un personaje con una posición reprochable y una actitud desagradable, convirtiéndola inicialmente en la antagonista.

Este desprendimiento de las relaciones humanas, que es también una consecuencia del desarraigo, no parece nada natural, pero la película lo plantea como una opción, no sólo válida, sino también práctica y atractiva (tanto como lo son Georges Clooney y Vera Farmiga). En cambio, cuando la joven propone a la empresa despedir a la gente por internet, la película conduce al espectador a repudiar esta iniciativa. Y así como esta contradicción hay unas cuantas más que ponen muy en evidencia un sesgo manipulador y maniqueo del relato, para que el espectador simpatice con un personaje o para que acepte una idea, a pesar de que use los mismos argumentos para atacar o defender. En este sentido, al terminar la cinta se pueden ver algunas “trampas” del relato, como cuando se conoce la verdadera vida de la novia ocasional del protagonista.

Por otro lado, este hombre pragmático, solitario y desarraigado, igualmente le sirve al filme para denigrar un tanto de la vida sistematizada y alienada de la sociedad actual, no sólo en lo económico sino también en lo afectivo y en sus hábitos de vida. Así mismo, lanza sus dardos contra la fría y descarnada dinámica laboral de un país como Estados Unidos, y justamente en el periodo de crisis económica por el que ahora atraviesa. En contrapartida, se escucha permanentemente como sonido de fondo una cierta nostalgia y anhelo por la familia, sus valores y lo necesaria que es para la vida de cualquiera. Esto se revela especialmente en las secuencias relacionadas con el matrimonio, los únicos momentos de real sosiego y alegría del relato.

Hacia el final (y aquí quien que no se ha visto la película debería abandonar la lectura), sólo unos minutos antes de los créditos, toda la tesis y los personajes cambian. Ahí sí es cuestionado el protagonista y su visión del mundo. Se ve menos seguro y menos atractivo. En ese momento se pone de manifiesto la reflexión sobre este hombre y su estilo de vida, pero aunque todo se antoja un poco acomodado para que esto suceda, tampoco es una reflexión a la que se llega por medio de una moraleja simplista, y menos a través de esos discursos emotivos y sensibleros típicos del cine gringo. La película deja que el espectador una las piezas y saque conclusiones sobre una cantidad de asuntos serios: el amor, la estabilidad, la pertenencia y permanencia en un lugar, la independencia, la posibilidad de ser diferente, etc.

Finalmente, igual que sus otras películas, ésta también está definida por una sencillez visual y narrativa que resulta más bien meritoria, porque obliga a concentrarse en los personajes y sus emociones. Los diálogos, entre cotidianos e ingeniosos, contribuyen a mantener este tono, así como la banda sonora, compuesta por sutiles canciones que complementan esta sencillez.

Es por todo esto, entonces, que esta cinta finalmente deja un buen sabor, porque encuentra el tono justo, habla de temas serios con cierta honestidad y obliga al espectador a seguir pensando en ellos. Que las costuras del relato y la manipulación de algunos elementos sean a veces muy evidentes –un problema casi siempre sólo para los críticos- no le resta mucho de lo que tiene de cine agradable y estimulante.

Publicado el 29 de enero de 2010 en el periódico El Mundo de Medellín.

FICHA TÉCNICA

Título original: Up in the air
Dirección: Jason Reitman. Género:
Guión: Jason Reitman y Sheldon Turner; basado en la novela de Walter Kirn. Producción: Ivan Reitman, Jason Reitman, Daniel Dubiecki y Jeffrey Clifford. Música: Rolfe Kent.
Fotografía: Eric Steelberg.
Reparto: George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Jason Bateman, Danny McBride, Melanie Lynskey, Amy Morton, Sam Elliott.
USA. - 2009 - 108 min.

 
Nine, una vida de pasión, de Rob Marshall PDF Imprimir E-mail

Un musical para Fellini

Por Oswaldo Osorio

Los homenajes pueden terminar siendo emotivos gestos o pretensiosos remedos. Y es que ésta no es una película solamente, sino que también es un clásico del cine como referente, más la obra de un maestro de sueños y delirios de celuloide. Es por eso que esta cinta, dependiendo de cada espectador, inevitablemente se verá de dos formas distintas. Quienes conozcan la obra de Federico Fellini y su filme más celebrado por la crítica (Ocho y medio, 1963), podrán ver una cinta cargada de referencias y sentido cinéfilo; de otra parte, quienes no, verán un musical con un argumento tal vez un poco extraño, pero finalmente con el espíritu del espectáculo y hasta el optimismo propio de los musicales clásicos.

Aunque esta película no es exactamente un remake de aquel clásico, pero sólo por un tecnicismo, y es que está basada es en un exitoso musical que sí se inspiró en la película de Fellini. El musical fue creado por Arthur Kopit y Maury Yeston y se estrenó en 1982 con la aprobación del director italiano. Pero es improbable pensar que el director Rob Marshall no tuvo siempre presente el filme y la personalidad de Fellini al momento de hacer esta película, y eso es una de las cosas que inmediatamente se da cuenta quien conoce dichos referentes.

Podría decirse que esta historia es sobre las tribulaciones artísticas y existenciales de un director, un hombre que es supuestamente un genio del cine, pero que por sus acciones parece más bien un ser cínico y mundano. De esto se desprende una afirmación tal vez herética para muchos, y es que la interpretación que hizo hace décadas el gran Marcello Mastroianni, con su actitud bufonesca e indiferente, acentúa el cinismo y el egoísmo sin escrúpulos del personaje; pero el que hace en esta nueva versión otro grande, el actor irlandés Daniel Day Lewis, deja ver a un hombre angustiado y atormentado, igualmente egoísta pero con una sombra de culpabilidad que lo hace más complejo como personaje.

Se trata, pues, del retrato de un genio atormentado, un retrato un tanto estilizado e intelectual, pero que consigue dejar clara su tesis y las diferentes formas en que se manifiesta este tormento: el bloqueo creativo, las dudas existenciales, la complicada relación con las mujeres y el cuestionamiento de su obra. Es por esto que resulta un personaje complejo y atractivo, un ser asediado por su condición de hombre y artista, a quien la única salida que le queda es la huída, porque sólo el que huye escapa, como decía José Gabriel Baena.

Como del fantasma de Ocho y medio sí no se puede huir al escribir de esta película, habría que decir algo tal vez obvio pero necesario, y es que la diferencia entre ambas cintas la marca la presencia de los números musicales. Esa poética delirante, casi circense y un tanto intelectualoide del filme de Fellini, es remplazada aquí por la poética propia del musical, con su gran sentido visual y dramático, así como con esas escapadas a la creación de realidades más cercanas al onirismo y al mundo del espectáculo que a la realidad. Siendo en general todos de buen nivel, hay algunos números realmente ingeniosos y electrizantes, como el que mezcla la danza Saraghina en la playa con el baile de arena de la diva del hip hop Fergie.

Independientemente del musical en que se basa, esta película es un homenaje y reminiscencia al cine de Fellini y a su autobiográfica película, un homenaje que se cuida de hacer la venia de respeto correspondiente, pero que tampoco se acobarda para dar su propia mirada. Además, tiene en cuenta hacer la conexión directa con el maestro italiano, y esa conexión está dada por Roma, los sesentas, Cinecittà y Sofía Loren (aunque nunca actuó para él).

Publicado el 12 de febrero de 2010 en el periódico El Mundo de Medellín.

FICHA TÉCNICA
Dirección : Rob Marshall
Guión: Michael Tolkin Anthony Minghella
Producción: Marc Platt, Harvey Weinstein, John DeLuca y Rob Marshall.
Música: Andrea Guerra
Fotografía: Dion Beebe
Reparto: Nicole Kidman, Kate Hudson, Daniel Day-Lewis, Penélope Cruz, Marion Cotillard, Sophia Loren, Judi Dench, Fergie, Ricky Tognazzi, Giuseppe Cederna, Elio Germano.
USA – 2009 - 118 min.

 
Sherlock Holmes, de Guy Ritchie PDF Imprimir E-mail

Una película nada elemental

Por Oswaldo Osorio

El cine de Guy Ritchie siempre ha sido chicle mental y narrativo. Sólo se disfruta mientras se saborea, mientras está en la pantalla. Pero su falta de profundidad y seriedad la compensa con un gran talento narrativo, una ingeniosa concepción visual y una cínica y divertida manera de crear personajes e historias. En otras palabras, se trata de un cine que ofrece entretenimiento de calidad, con un refinado manejo del lenguaje del cine –muy efectista, eso sí– y con un estilo propio e inconfundible.

Del personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle se han realizado un centenar de versiones, entre seriales y películas, tanto para cine como para televisión. Pero ciertamente Sherlock Holmes es un personaje sólo para fanáticos fieles, porque ya él por sí solo es una fórmula repetida hasta el cansancio y gastada desde hace décadas. Por eso una nueva versión necesitaba ser una puesta al día y con un enfoque diferente. Y efectivamente, Guy Ritchie hizo lo necesario para conseguirlo.

Lo primero, es que este Sherlock tenía que ser complejo –que no complicado–, porque el espectador actual ya no está para ese simplismo de siempre en el que pasaba de todo a lo largo de la historia sin que nadie comprendiera muy bien nada, para que, al final, el ingenioso detective resolviera el caso con esa larga explicación verbal que iba luego de la distintiva frase “elemental, mi querido Watson”, la cual no está en esta nueva película, constatando así la intención de desprenderse de todos los facilismos del personaje.

Para evitar la salida fácil de explicarlo todo al final, Ritchie echa mano de una serie de recursos visuales y narrativos que ya hacen parte del estilo que lo identifica: el uso de flashbacks, cámaras lentas y congelados mientras una voz en off explica detalles de la trama. Es decir, esa suerte de descomposición de las secuencias o las acciones para exponer su motivación o explicar su funcionamiento, que antes había usado con tanta precisión, aquí encuentran la historia y el personaje perfectos para ser aplicados. Esto hace posible que haya una compleja trama, pero que el espectador esté al tanto de sus componentes y que todavía quede espacio para la intriga y el misterio.

En este sentido, el de la intriga y el misterio, la historia propuesta por el filme también consigue estar a la altura y generar expectativa, pues no se trata de un relato donde los antagonistas son los mismos vulgares ladrones o trillados y predecibles asesinos en serie de antes, que nunca han sido oponentes de peso para el famoso detective. La solución al problema de no plantear un conflicto fácil fue muy ingeniosa: si el fuerte de Holmes es la ciencia y la razón, entonces el crimen y el antagonista debían salirse de esa lógica. Por eso el componente sobrenatural resulta perfecto para sostener la tensión y el misterio necesarios para este tipo de relato.

El otro elemento con el que Ritchie, sus guionistas y los actores hacen la diferencia es en la concepción de los personajes. El pulcro, pomposo e imbatible Sherlock Holmes que siempre se había visto, aquí se transforma en un ser desaliñado, maniático, calladamente atormentado y hasta vulnerable e insatisfecho con la vida. Es decir, un personaje más complejo y lleno de matices. Además, y esto resulta fundamental en esta nueva versión porque es uno de sus principales atractivos, es también un hombre de acción, lo que posibilita que la película también lo sea de una forma como nunca antes se había visto, sobre todo en este aspecto es en el que más se ve esa puesta al día de esta nueva versión.

Incluso el mismo Watson se desprende de esa imagen de tonto perro faldero y aquí empuña las armas y aguza su intelecto a la par con su compañero. De hecho, la relación entre ellos tiene aquí una sorprendente transformación, porque el dependiente resulta ser Holmes y uno de los conflictos paralelos del filme es la tensión que hay entre ambos por el matrimonio de Watson, su inminente partida y la disolución de la sociedad. Al punto de que la actitud de Sherlock Holmes al respecto se parece más a la de una madre o una novia que la de un compañero de trabajo y aventuras.

La transformación de los personajes, la trama y su conflicto planteados con la complejidad y el peso requeridos, así como su dinámica de película de acción, son entonces los elementos que hacen de esta versión de un gastado personaje una experiencia estimulante y entretenida, la cual es complementada por una banda sonora que también sabe hacer la diferencia, unos diálogos ingeniosos y una concepción de la puesta en escena que consigue crear unas atmósferas que saben jugar con el misterio y el esteticismo. En definitiva, una película que viene con el paquete completo, tanto para ser el taquillaza del momento como para satisfacer espectadores más exigentes.

Publicado el 15 de enero de 2010 en el periódico El Mundo de Medellín.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Guy Ritchie
Guión: Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg; basado en los personajes creados por Arthur Conan Doyle.
Producción: Joel Silver, Lionel Wigram, Susan Downey y Dan Lin.
Música: Hans Zimmer
Fotografía: Philippe Rousselot.
Reparto: Robert Downey Jr., Jude Law, Rachel McAdams, Mark Strong, Eddie Marsan, Kelly Reilly.
USA - 2009 - 128 min.

 
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