| Buenos muchachos, de Martin Scorsese |
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Por Oswaldo Osorio No es gratuito que Buenos muchachos (Goodfellas, 1990) sea una de las mejores películas de la década, pues si se fuera a decir un nombre en el cine norteamericano de los últimos 25 años, uno solo, ese sería Martin Scorsese. Su cine vistoso, directo y cargado de significaciones sociales, culturales y morales, podría verse como una depurada síntesis de lo mejor del cine del país del norte, desde el clasicismo de Hollywood, pasando por el cine de autor, hasta el vanguardismo más audaz. En todas las películas de este italo-americano se evidencia lo mucho que ama y conoce el séptimo arte, por eso su cine es casi siempre una demostración de pasión visceral, destreza narrativa y compromiso con la imagen. Estas tres cualidades están presentes en Buenos muchachos, una película de vitalidad agotadora, que nos habla de los mafiosos con el verismo y la intensidad propios de un conocedor y apasionado de ese complejo mundo. Y es que los gángsters de Scorsese poco tienen que ver con esa visión glamurosa y mitificadora de un Coppola y su conocida saga de los Corleone, por ejemplo; sus gángsters en esta película son más reales, tanto como lo puede permitir una narración concebida en clave de documental y un acercamiento más cotidiano y prosaico a los personajes. La forma como Scorsese nos cuenta la vida de Henry Hill, desde su ingreso y ascensión en el mundo de la mafia hasta su caída, implica un viaje a un universo muy específico y una declaración moral frente a él. Sin embargo, se cuida de juzgar y, sobre todo, de hacer apologías o construir estereotipos de estos "buenos muchachos". Lo que hace es contarnos una inquietante historia con sobrada eficacia narrativa, acercarse a unos personajes para describirlos o explicarlos y darnos a conocer las reglas a que obedecen sus conductas y sus vidas. El ritmo casi frenético de su narración, conjugado con el dinamismo que Michael Balhaus le imprimió a su cámara y la precisión de un montaje que ya es marca de la casa, son el vehículo formal concebido por Scorsese para hablarnos tan íntima y expresivamente de estos "vivos" del hampa: su forma de vida, modus operandi, códigos morales y sociales, sus interrelaciones y, por supuesto, la violencia siempre inherente a ellos, una violencia no gratuita sino "explicada", como dice el mismo director, una violencia que es en buena parte la espina dorsal de esta película, tan vigorosa, tan apasionada y apasionante. Ficha técnica T. Buenos muchachos (GoodFellas); P. Irwin Winkler; D. Martin Scorsese; G. Nicholas Pileggi, Martin Scorsese; N. Wiseguy, de Nicholas Pileggi; E. Thelma Schoonmaker; F. Michael Ballhaus. Estados Unidos, 146 min, Color, 1990. Martin Scorsese |







Por Elena Poniatowska
El cine colombiano no es una categoría, aunque una concepción generalizada del término así lo haga parecer.