No hay nunca que olvidar

Por Oswaldo OsorioImage

Ésta es una película que ya hemos visto varias veces desde La noche de los lápices (1983), pero contada desde una nueva perspectiva y con un tema, la represión militar durante la dictadura argentina, que no por lo transitado deja de ser relevante, pues, como lo afirmó su director, nunca hay que olvidar episodios de la historia como ése.

El filme está lleno de cualidades en sus planteamientos dramáticos y logra mantener un angustiante interés en la pareja protagónica: él es un agente al servicio de la dictadura que cumple diversas funciones (entre ellas torturar) en uno de esos como campos de concentración donde recluían a los enemigos del régimen, y ella una joven militante y alfabetizadora que termina confinada en aquel campo: El Garaje Olimpo.

La particular y contradictoria relación que se establece entre ellos es a la vez el conflicto principal del relato y el recurso que utilizaron sus guionistas, Lara Fremder y el mismo Bechis, para mostrar el drama de las víctimas de aquel pequeño holocausto. Entonces la historia sostiene su turbadora tensión dramática a partir del contrapunto entre la arbitrariedad y crueldad del Garaje Olimpo y la tímida y conmovedora relación de la pareja.

La concepción visual de este filme necesariamente debía ser gris y opaca, no sólo porque cada secuencia  está dominada por una pesada atmósfera de miedo, violencia y muerte, sino también por la naturaleza opresiva y dolorosa de ese extraño amor, fundado en sentimientos como la lástima, la culpa, la esperanza de sobrevivir y otros muchos que hacen más atípica y enrarecida una relación ineluctablemente destinada a no terminar bien.

Como se puede ver, Garaje Olimpo no es de esas películas para divertirse y comer crispetas. Éste es de ese cine interesado y comprometido con una idea, con una realidad, que no por pasada está menos lejana y que es susceptible de repetirse si se olvida. Si bien el cine nació como atracción de feria y el que es para el puro entretenimiento siempre será válido y necesario, salir de una sala un poco conmovidos y desolados con historias como ésta, es otra experiencia que nos tiene deparada el cine y que se disfruta de una forma distinta pero no menos intensa.

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