Pobres extraterrestres

Por Oswaldo Osorio

Es extraño ver una película de ciencia ficción -y con elementos del cine de acción- sin el acabado visual de Hollywood, sin sus odiosos y predecibles giros, sin sus héroes arquetípicos y sin sus gloriosos finales que dejan contenta a la gran mayoría de espectadores. Este director sudafricano, en cambio, lo que presenta es una cinta con una interesante y original premisa, así como una serie de recursos visuales tan impactantes como inéditos en el cine más comercial y una refrescante forma de concebir el género de ciencia ficción, que en esta época de sobreexplotación de los efectos visuales ya está oliendo rancio.

La premisa en cuestión propone que más de un millón de alienígenas quedan varados en la tierra y terminan convirtiéndose en una población marginal entre los humanos y luego en un problema social y de salud pública (aunque la película nunca explica por qué son medio tontos ni por qué no usan su tecnología). De esto se podría desprender toda una serie de reflexiones de tipo sociológico y político, que sin duda pueden tener relación con esta historia, pero que tampoco se debe sobredimensionar, porque es claro que no es el objetivo principal de la cinta.

A pesar de esto, no se puede olvidar el hecho de que el cine de ciencia ficción, al menos el que se ha hecho con inteligencia, siempre ha servido para hablar de nuestra sociedad y nuestro tiempo utilizando como metáfora la construcción de lejanos universos y épocas futuras. En esta cinta algo de eso hay, pero es un objetivo de fondo las lecturas de tipo sociológico, por aquello de las analogías que se pueden hacer con estos seres extraños, y que viven en la miseria, con las poblaciones marginales de cualquier país (de hecho, los tugurios en que se filmó la película realmente pertenecieron a gente de Johannesburgo que fue reubicada).

También es un objetivo de fondo las lecturas de orden político, sobre todo lo que tiene que ver con el verdadero interés de los humanos por los alienígenas, en especial de las grandes corporaciones que, al menos para el cine, son las que ahora dominan el mundo, los archivillanos contemporáneos. Su interés no es otro que el partido que le puedan sacar a la situación desde el aspecto económico, que siempre estará ligado a los juegos de poder y de dominación.

Pero hay que insistir que éstos son asuntos que, si bien no están allí por azar, son solo el trasfondo que ayuda a que la película tenga mayor solidez en su enunciado y en sus motivaciones. El interés central de su director y guionista está en el personaje protagónico, la narración de la historia y las secuencias de acción. Porque Neill Blomkamp es un cineasta formado en la industria y su objetivo es ser eficaz en ella y no hacer sesudas películas de crítica social y política. De hecho, es famoso justamente por la película que nunca hizo: la versión cinematográfica del videojuego Halo, uno de los más populares y prestigiosos del mundo.

De estos elementos en que el director pone el énfasis, lo primero que llama la atención del filme es su narración. Blomkamp utiliza el recurso del documental, no sólo para dar la información de la historia y personajes, sino para crear la intriga y el suspenso que cruzan toda la película. En este sentido es una narración muy bien lograda, porque tiene la capacidad de mantener la tensión y crear una expectativa siempre en aumento. A esto se le suma los imprevisibles giros que da la historia, que no son para nada complacientes con lo que el espectador del cine de género normalmente espera.

Así mismo, las secuencias de acción están plantadas con mucha mesura a lo largo del filme, jugando con el realismo y, al mismo tiempo, con la creación de imágenes extraordinarias e impactantes, sobre todo aquellas que muestran cuando alguien es impactado por un arma. Sólo al final estas secuencias de acción alcanzan la intensidad de las películas convencionales, y es cuando se puede ver una dinámica más uniformada con lo que siempre se le ve al cine de acción.

Finalmente, el elemento con mayor fuerza y originalidad de todo el filme, lo que carga con todo el peso dramático y argumental de la historia, es su protagonista. Resulta sorprendente la transformación que experimenta este hombre durante el relato, y no se refiere esto a la transformación física, que sólo es una causa de la otra, la de su personalidad, la de su actitud y las decisiones, antes impensables para él, que empieza a tomar. Esto lo hace un héroe atípico, un personaje ante el que el espectador siente distintas emociones, tanto positivas como negativas.

Este personaje es la constatación de que estamos ante una cinta que, aún dentro de esquemas reconocibles del cine de género, supo hacer la diferencia en relación con tanto cine de bichos, disparos y explosiones que se pueden ver hoy. Aunque de todas formas, es una película sólo para los seguidores de estos géneros, y tal vez más difícil de digerir para los demás, justamente porque se sale de las convenciones.

Publicado el 2 de octubre de 2009 en el periódico El Mundo de Medellín.

FICHA TÉCNICA
Título original: District 9
Dirección y guión: Neil Blomkamp
Producción: Peter Jackson
Guión: Neill Blomkamp, Terri Tatchell
Música: Clinton Shorter
Reparto: Shartlo Copley, Jason Cope, Robert Hobbs
Nueva Zelanda – 2009 - 112 min.

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