La vida en los suburbios

Por Oswaldo Osorio

Image Cada vez con menos recato, el cine norteamericano se ha ensañado en una crítica a los valores de la sociedad que, con la moral que rige en sus vecindarios, está gobernando al mundo. El miedo, los prejuicios y lo políticamente correcto, parecen ser los pilares de esa moral que casi siempre es doble, cuando no múltiple, una moral que empieza por las relaciones familiares, continúa con la comunidad y termina en Irak o en cualquier otro paisito que la "policía del mundo" crea conveniente vigilar o intervenir.

No es forzar las cosas empezar este texto con un apunte político para una película que ni sus títulos (Secretos íntimos - Little children) ni su sinopsis parecen tener relación con ese tema. Pero es que en realidad todo ese sistema moral que desde la potencia del norte se está imponiendo en el mundo, ya sea por la fuerza de sus armas o de su cultura, en buena medida empieza en esos asépticos suburbios en los que vive atrapada la clase media norteamericana.

En esta cinta Sarah vive en medio de la moralina y el aletargamiento de los suburbios, con su matrimonio infeliz y una hija que para ella sólo es un ser extraño e incomprensible, casi un estorbo. Algo parecido ocurre con Brad. Ambos viven un mudo descontento e insatisfacción que pone en evidencia ese sistema de valores de una comunidad que está enferma por no querer estar enferma, es decir, por el miedo a que su mundo se vea intervenido por agentes e ideas externas, por una desesperada búsqueda de seguridad, de ser normales. Por eso las mujeres se casan con el mejor partido y, ya como amas de casa, no cambian su rutina. También por eso resulta una comunidad que, en su afán de ser siempre políticamente correcta, es tan peligrosa como el pervertido del barrio, una comunidad recelosa y excluyente ante el más mínimo atisbo de diferencia. 

Además de Sarah y Brad, otros dos personajes se presentan como seres diferentes en ese mundillo: un ex-policía obsesionado por la seguridad del barrio, pero sobre todo, el pervertido sexual que acaba de salir de la cárcel y que los tiene a todos alertas y escandalizados. Sarah y Brad tratan de escapar del sopor de su existencia por medio de una relación adúltera con la que idealizan su libertad, su diferencia ante los demás. Aunque mantienen las apariencias y, en esa medida, siguen aprisionadas por los condicionamientos sociales. Por eso, en principio, es una historia sobre la resistencia a la alienación, sobre la lucha por mantener la individualidad, pero la contracorriente es tan fuerte, que resulta difícil para sus realizadores ser complacientes con sus personajes y el público.

Y es que Todd Field y su co-guionista, el mismo autor de la novela, Tom Perrota, se cuidan de no hacer una apología de estos personajes que luchan por salirse de la norma. La relación adúltera no es mitificada ni las acciones de los otros dos personajes son excusadas. De hecho, una de las virtudes de la cinta es que construye sus personajes principales con una complejidad exenta de maniqueísmos o caricaturas. La prueba de ello es que el espectador puede pasar por distintas etapas en su identificación con los personajes, pues se les llega a querer, a detestar y hasta sentir lástima por ellos.  Incluso al final no hay redención para nadie, terminando todo igual o peor, reconfirmando así el pequeño infierno en que viven y lo apabullante de esa moral que lo domina y lo uniforma todo.

Con lo dicho hasta ahora, esta historia parece tener ecos de cintas como Felicidad (Todd Solondz, 1998) o Belleza americana (Sam Mendez, 1999), pero si bien hay algo de ellas en los personajes y el universo que recrean, así como en la evidente crítica que quieren plantear, en esta película de Todd Field hay un tratamiento que la hace menos complaciente en su crítica, pues hay un tono de ironía y un juego con el humor que la hace más contundente y menos sospechosa de ser políticamente incorrecta, la hace una película estimulante y suspicaz, una cinta que sorprende con cada giro y que se compromete verdaderamente en ahondar en el mundo, personajes e ideas que propone. Una película que deja pensando, justo como las que evita hacer Hollywood.

Publicado el 7 de septiembre de de 2007 en el periódico El Mundo de Medellín.

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