Sólo para fans

Por Oswaldo Osorio Image

Hay dos formas de ver esta película: como el fanático y conocedor del cine de John Carpenter, que se complace con los temas, géneros y el universo excéntrico de sus películas; y como el espectador no fanático que se ve atacado en su buena fe por una película que es una oportunista mezcla entre La noche de los muertos vivientes, Mad Max y Río Bravo.

El cine es propicio y a veces exige entregas incondicionales. Ser fanático de un Tim Burton , Pedro Almodovar o Woody Allen es más que haberse visto todas sus películas, es sentir una especial afinidad y fascinación por esos universos personales que cada uno de ellos recrea con sus imágenes.

El universo de Carpenter, aunque menos original y estilizado, igual tiene mucha fuerza entre los seguidores del cine de horror, acción y ciencia ficción. Desde la serie de Halloween, pasando por La Cosa, hasta los Escapes de L.A. y N.Y., todo su cine tiene una marca de fábrica caracterizada por la fidelidad al cine de género, las sensaciones fuertes, la transgresión y el efectismo espectacular aunque facilista.

En esta nueva película le vemos repetir estos elementos, sólo que, si nos abstenemos de reverenciar su estilo, si la juzgamos por sí sola, la propuesta se reduce a una obra menor de un director más que quiere impactar con disparos, sangre, explosiones y ruido. Su trama es simple: un grupo de personas trata de escapar de  una turba poseída por extraños espíritus en un Marte colonizado.

Como se ve, no es muy original ni tampoco interesante, por eso su “tensión dramática” sólo se sostiene a partir de la dinámica hipnótica de las secuencias de acción. Los giros y soluciones fáciles abundan en su argumento y los personajes arquetípicos también. Nada en ella sorprende ni atrae y los momentos en que los personajes hablan y actúan son sólo para que el largo video clip de heavy metal que es en definitiva todo el filme no lo parezca tanto (y para ajustar, el líder de los poseídos es Marylin Manson).

Puede ser el autor de la legendaria Halloween, puede ser quien creó a aquel antihéroe postnuclear llamado Snake, pero esas cartas de presentación y su filmografía entera no justifican la elementalidad y falta de originalidad de esta película. La mezcla insólita de géneros (horror, acción, ciencia ficción y western) y la  repetición de fórmulas y esquemas son un mal síntoma para un director que ha tenido sus momentos de gloria y, sobre todo, que tiene lo que cualquier director siempre quisiera: fanáticos de su cine.

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